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Bienestar sexual: la parte de la salud que nadie agenda

· Soy Penélope

Bienestar sexual: la parte de la salud que nadie agenda

Tengo una app que me dice cuánto dormí y qué tan profundo. Tomo magnesio en la noche. Sé cuántos gramos de proteína llevo al día y me da culpa si me salto el gimnasio dos veces seguidas. Hasta ahí, la señora de la salud.

Y el año pasado, en el consultorio, la ginecóloga me preguntó desde cuándo no me hacía un papanicolau. Dos años y medio. Yo, que llevo el registro de mi sueño por hora.

Ahí me cayó el veinte de lo obvio: cuidamos el sueño, la comida, la cabeza, la espalda… y la parte de abajo la dejamos fuera de la lista, como si no fuera del mismo cuerpo.

Qué cambia cuando lo cuentas como salud y no como antojo

Suena a poca cosa y no lo es. Mientras esto fue «lo que se hace si sobra tiempo y ganas», siempre perdía contra cualquier otra cosa. Cuando lo puse en la misma repisa que el gimnasio y el dentista, empezó a existir.

No hablo de tener más relaciones. Hablo de las cosas aburridas: mis estudios al día, saber cómo funciona mi cuerpo, dejar de aguantarme molestias porque «así ha de ser». Eso es salud, no romance.

Dormir mal se te nota ahí

No soy médica y no te voy a explicar hormonas. Te cuento lo que vi en mí, que es lo único que puedo jurar: en las temporadas de dormir cinco horas y andar acelerada, el deseo se me apaga completo. No es que el otro deje de gustarme. Es que el cuerpo anda en modo sobrevivir y esto es lo primero que suelta.

Cuando dormí mejor, volvió solo. Sin comprar nada, sin ponerle ganas. Por eso me da risa cuando se recomienda ropa nueva para «reavivar la llama» y nadie pregunta a qué hora te dormiste esta semana.

El suelo pélvico: nadie te dice nada hasta que estornudas

De esto no me habló ni mi mamá ni la escuela. Me enteré a los treinta y tantos, en una clase de pilates, porque la maestra lo mencionó como si fuera obvio.

El suelo pélvico es músculo, y como todo músculo se entrena y se afloja. Ahí andan mezclados los escapes de pipí al estornudar, las molestias, el embarazo, la menopausia y sí, también cuánto sientes.

Y aquí va lo que no me conviene decirte y te lo digo igual: eso no se compra. Se trabaja con ejercicios que no cuestan un peso, y si hay escapes o dolor, lo que sirve es una fisioterapeuta de suelo pélvico, no un aparato. Nosotros vendemos juguetes, no soluciones médicas, y confundir las dos cosas es como venderte una faja para la hernia.

Conocerte no es un lujo, es información

Esta es la parte donde yo iba retrasadísima. Pasé años esperando que alguien más le atinara a algo que yo no sabía ni nombrar. La neta, es un plan pésimo.

Saber qué te gusta —a qué ritmo, con cuánta presión, en qué zona— es información que después puedes decir en voz alta. Y es lo que convierte «no sé, algo no funciona» en «así no, así sí». Lo demás son adivinanzas.

Los aparatos ayudan a eso, y ahí sí te digo cuáles. Los de ondas de presión —los que succionan sin tocar, como el que sale en todas las fotos— porque no piden técnica ni práctica: se ponen y ya. Si prefieres algo más clásico, un vibrador normal hace el trabajo. Y si no sabes por dónde empezar, tengo una guía completa de cómo elegir, que es la pregunta que más me hacen.

Estimulador de ondas de presión de SexShop99

La higiene que sí, y la que te están vendiendo mal

Aquí hay mucha tontería suelta, así que voy con lo que me repitió la doctora palabra por palabra.

  • Las duchas vaginales, no. Por dentro se limpia solo. Meterle agua y jabón le tumba la flora y lo que sigue es infección, no limpieza.
  • Por fuera, agua y un jabón suave. El de manos y el de baño perfumado resecan y arden. Para eso existe el jabón íntimo, que viene pensado para esa piel y no para tallar una sartén.
  • Ropa que respire y no dormir con la del gimnasio puesta. Eso lo sé por experiencia propia y por una infección de la que prefiero no hablar.

Los juguetes también se lavan (y casi nadie lo hace)

Esto se lo digo a todas las que me preguntan y a todas les sorprende. Un juguete guardado sucio en el cajón es una bacteria feliz.

Agua tibia y jabón neutro después de cada uso, secarlo bien, guardarlo en su bolsita y no revuelto con las llaves. Los de silicona son los más fáciles de mantener limpios, por eso son los que recomiendo aunque cuesten más.

Y el lubricante de base agua no es solo para que resbale: es el único que no le come la silicona a los juguetes ni pelea con el condón. El de silicón se siente riquísimo y te arruina el aparato caro. Ese dato me costó uno.

Jabón íntimo de SexShop99

Lo que no me late de cómo se vende todo esto

Te lo digo aunque yo trabaje de este lado del mostrador. Cuando alguien dice «bienestar íntimo» casi siempre viene detrás una vela cara, una bata de seda y una foto en tonos rosas. Y no, esto no se arregla comprando cosas bonitas.

La parte que de verdad mueve la aguja es la aburrida, la que no se puede envolver para regalo:

  • Tus estudios al día. Papanicolau cuando toca. Pruebas de infecciones si tienes vida activa, aunque no tengas síntomas — la mayoría no da síntomas.
  • No aguantarte el dolor. Si duele, no es «que eres delicada»: es un síntoma y tiene nombre.
  • Condón, que sigue siendo lo único que sirve contra infecciones, aunque no vaya con la estética de nadie.
  • Poder decir lo que quieres y lo que no. Eso no cuesta dinero y es lo que más cambia las cosas.

Lo demás —los juguetes, el aceite, la vela— está bien y a mí me gusta. Pero es el postre, no la comida.

Lo que me quedó

Que llevaba años midiendo mi sueño con una app y no me había hecho un estudio que dura diez minutos. Que esta parte no es un premio por portarse bien ni un tema de pareja: es tuya, y es salud.

Ya me hice el papanicolau, por si te lo preguntas. Salió bien. Y de todas las cosas que hice ese año por mi salud, esa es la que menos tiempo me tomó.

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