¿Cada cuánto es normal tener sexo? Esto dice la estadística
· Soy Penélope
De esto no se habla ni con las amigas. Se habla de con quién, de si estuvo bien o mal, pero cuántas veces es la pregunta que todo el mundo se hace en silencio y nadie suelta. Yo la tuve dando vueltas años, sobre todo en las rachas en que mi pareja y yo llevábamos dos semanas sin nada y yo ya estaba pensando que algo se había roto.
Hace poco me topé con una encuesta que le puso números al asunto y me quitó un pendiente de encima. Te la cuento, y te digo también por qué el número, al final, importa menos de lo que parece.
Lo que dijeron mil personas
La encuesta es de Statista, hecha en Alemania a mil personas de entre 20 y 35 años. Les preguntaron cuántas veces al mes. Así quedó:
- 6 a 10 veces al mes — 35 % de los hombres y 36 % de las mujeres. Es el grupo más grande.
- 11 a 15 veces — 18 % de ellos, 17 % de ellas.
- 4 a 5 veces — 14 % de ellos, 17 % de ellas.
- 16 a 20 veces — 14 % de ellos, 12 % de ellas.
- 1 a 3 veces — 7 % de los dos.
- 21 a 30 veces — 5 % de los dos.
- Más de 30 veces — 1 % de ellos y 3 % de ellas.
Traducido a semanas: la mayoría anda entre una y tres veces por semana. No en la cifra de película que uno se imagina cuando se pone a comparar.
Las tres cosas que me saltaron de esos números
Uno. Nadie está donde cree que están los demás. El grupo más grande no llega ni a tres veces por semana, y aun así ese grupo es el que se siente raro cuando escucha presumir a alguien.
Dos. Hombres y mujeres contestaron casi igual. Todo el cuento de que ellos quieren todos los días y ellas una vez al mes no aparece por ningún lado en esta encuesta.
Tres. Es gente de 20 a 35 años, en Alemania, contestando sobre su propia intimidad. Ahí hay dos cosas que conviene tener presentes: a esa edad la frecuencia es de las más altas de la vida, y en una encuesta así todos redondean para arriba. Yo también lo haría.
Por qué el promedio no sirve como meta
Un promedio es lo que pasa en un montón de camas ajenas. Ninguna es la tuya. Hay parejas felices con dos veces al mes y parejas que lo hacen cuatro veces por semana y no se soportan fuera de la cama.
La única pregunta que sí sirve es de las aburridas: ¿los dos están a gusto con como va? Si los dos dicen que sí, no hay nada que arreglar aunque la cifra sea la mitad de la encuesta. Si uno de los dos dice que no, ahí sí hay tema — y no lo resuelve subirle al número, lo resuelve hablarlo.
Lo que de verdad mueve la aguja
En mi experiencia la frecuencia baja por cosas de lo más poco románticas: los horarios encontrados, el trabajo, un bebé, una mudanza, dormir mal. Nunca fue que dejáramos de gustarnos. Era que llegábamos a la cama a las once y media, muertos.
Lo que sí nos funcionó fue dejar de esperar a que las ganas llegaran solas después de las diez de la noche. Adelantar la noche una hora hizo más por nosotros que cualquier consejo que haya leído. Y una vela para masaje encendida temprano avisa lo que va a pasar sin que nadie tenga que anunciarlo.
Cuando uno quiere más que el otro
Esto es más común que cualquier cifra y casi nadie lo dice. Estar desparejos no significa que uno esté descompuesto y el otro exagere. Significa que traen ritmos distintos, y eso se negocia como se negocia todo lo demás.
Dos cosas que aprendí a la mala. La primera: no todo tiene que terminar igual. Hay noches de manos y ya, y cuentan. La segunda: al que trae menos ganas no se le ayuda con presión; se le ayuda quitándole el examen de encima. En esas rachas un juguete o un lubricante bajan la exigencia en lugar de subirla: el cuerpo no siempre responde al primer intento, y eso no significa nada malo de nadie.
Lo que hago cuando llevamos rato secos
No cuento los días, porque contar es justo lo que lo vuelve un pendiente. Lo que hago es cambiar algo chiquito: la hora, el cuarto, meter algo que no habíamos usado. Un kit con dos o tres cosas nuevas resuelve eso sin tener que inventar una noche perfecta que luego nadie tiene energía de montar.
Y si después de un mes seguimos igual, lo digo. Ahí sí. Callarse por no incomodar es lo que convierte una racha en costumbre.
Lo que me quedó
Que el número de la encuesta no es una calificación. Me sirvió para una sola cosa, y no fue chica: saber que lo que a mí me parecía poco, para la mayoría es lo normal.
Si estás contando, probablemente lo que te falta no son veces. Es una plática.